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Descubren un nuevo homínido emparentado con los neandertales

Molar hallado en la cueva de Denisov (sur de Siberia) perteneciente a una población asiática estrechamente relacionada con los neandertales europeos- DAVID REICH Y OTROS | NATURE
El ADN de un fragmento de hueso saca a la luz una población que vivió en el sur de Siberia hace entre 30.000 y 50.000 años.
¿Qué humanos vivían en Asia hace unos 40.000 años, cuando los neandertales vivían en Europa? Hasta ahora no se sabía, una nube densa de indicios y fósiles dispersos cubrían esa fase clave de la evolución humana, pero un equipo de paleogenetistas, liderados por el máximo experto mundial, Svante Pääbo, ha descubierto a los primos hermanos de los neandertales en un yacimiento del sur de Siberia, en Denisov. El hallazgo es sorprendente, no solo porque llena un vacío en el árbol evolutivo de nuestros ancestros, sino porque se ha logrado de un modo que era imposible hace una década: la secuenciación del ADN de un fósil que ha permitido hacer comparaciones de genes con los neandertales y con la especie humana actual.
En la cueva de Denisov, un yacimiento donde se han encontrado restos de artefactos prehistóricos, se descubrió en 2008 un hueso de la mano, una falange, en un nivel de la excavación datada entre 30.000 y 50.000 años. También se encontró junto a ese fósil un diente, y se atribuyen ambas piezas a una hembra joven. De la falange, Pääbo (del Instituto Max Planck, Alemania) y su equipo obtuvieron suficiente material genético para obtener su secuencia (las letras químicas de los genes), lo que les ha permitido hacer comparaciones con el genoma del neandertal (que el mismo Pääbo lideró) y con la humanidad actual. «Hasta ahora no sabíamos qué humanos había en Asia en aquella época», ha explicado el científico español Tomás Marqués-Bonet, de la Universidad Pompeu Fabra, que participa en la investigación.
Las conclusiones de los análisis genéticos indican que el hueso de Denisov pertenece a una población extinguida que compartía un ancestro común con los neandertales hace unos 500.000 años. Los genes apuntan, por lo tanto, a que los neandertales vivieron en la parte occidental de Eurasia y los de Denisov en la parte oriental. Unos y otros, sin embargo, fueron sustituidos por la gente procedente de África, nuestra especie. Hay pocos genes de neandertal en el genoma de la especie humana actual, y menos aún de los de Denisov, excepto en las poblaciones de Melanesia, a las que aquellos asiáticos remotos aportaron entre un 4% y un 6% del material genético, explican Pääbo y sus colegas en la revista Nature.
De la misma falange de Denisova se había extraído ya ADN pero metocondrial (es decir, que no es del núcleo de la célula sino de un orgánulo separado y cuyo material genético se hereda vía materna). La nueva secuencia genética es nuclear, lo que permite obtener muchísima más información y ha permitido hacer las comparaciones precisas con los otros genomas.
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Los neandertales evitaban la endogamia intercambiando hembras
FUENTE | abc.es
Investigadores españoles llegan a esa conclusión tras analizar restos de 12 individuos de la cueva asturiana de El Sidrón
Por primera vez y gracias a un estudio genético, un grupo de investigadores españoles ha logrado demostrar que, entre los neandertales, las hembras se intercambiaban entre un grupo y otro, una práctica que evitaba la endogamia, mientras que los machos tendían a permanecer en su núcleo familiar original y muy raramente abandonaban su territorio natal. El hallazgo, que se publica en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», se ha realizado gracias al análisis de los restos de doce neandertales de la cueva asturiana de El Sidrón, descubiertos en 1994.
La diversidad genética de los neandertales, pues, dependía de las mujeres, que eran «intercambiadas» por los varios grupos en una práctica, la patrilocalidad, ampliamente observada en tribus actuales de cazadores recolectores y tambén en distintos grupos de primates.
Según ha explicado a ABC el paleontólogo del CSIC Antonio Rosas, uno de los firmantes del artículo, «a medida que avanzan las campañas de investigación, vamos consiguiendo más y más fósiles en la cueva de El Sidrón. En la actualidad tenemos doce individuos muy bien caracterizados, una variedad más que suficiente para intentar su caracterización genética como grupo».
Los investigadores, afirma Rosas, ya sospechaban que los diferentes individuos de este grupo podían estar «genéticamente próximos». «Al hilo de esa sospecha -continúa Rosas- pensamos en tomar muestras y caracterizarlas a través del ADN mitocondrial (que no se encuentra en el núcleo celular, sino en las mitocondrias, y se transmite sólo por línea materna), lo que nos daría una muy buena visión genética general de estos individuos».
Los resultados confirmaron lo que se sospechaba: los doce neandertales de la cueva de El Sidrón formaban parte de una unidad «genéticamente próxima», casi casi una familia. «No queremos utilizar el término familia -explica Rosas- porque además de la componente genética, una familia se construye sobre lazos afectivos cuya existencia no podemos demostrar en este grupo de neandertales».
Para Carles Lalueza, sin embargo, primer firmante del artículo, «es evidente que debe haber hermanos, padres, madres e hijos, en la muestra estudiada». Según el artículo, el ejemplar juvenil 2 desciende de la hembra adulta 5, mientras que el juvenil 1 y el infantil serían vástagos de la hembra adulta 4. Si esta hipótesis es correcta, revelaría que los neandertales tenían una media de un hijo cada tres años. Esta cifra también se asemeja a la observada en las sociedades modernas de cazadores-recolectores.
Pero lo que llamó más poderosamente la atención de los investigadores fue el hecho de que, según explica Rosas, «todos los varones eran de un mismo linaje genético, mientras que las mujeres pertenecían a linajes diferentes». En efecto, las tres hembras estudiadas pertenecían, cada una, a un linaje distinto. «Un patrón – opina Rosas- que encaja perfectmente en una distribución de patrilocalidad. Los machos se quedan en el territorio, siempre, y son las hembras las que cambian de grupo y, a la vez, de unidad reproductiva».
Con niñas o hembras muy jóvenes
Esta clase de comportamiento se observa habitualmente en grupos actuales de primates, y también en tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero hasta ahora no había podido ser demostrado para los neandertales. De esta forma los grupos, según explica Rosas, «exportan» a otros grupos algunas de sus hembras, y reciben a su vez hembras de otros grupos. Estos «intercambios» se realizan siempre con niñas o hembras muy jóvenes que todavía no han alcanzado su edad reproductiva, y sirven para evitar una excesiva endogamia dentro de cada grupo individual.
«Esta es -concluye el investigador- nuestra interpretación como biólogos. Puede ser, además, que este intercambio sirviera también como una forma de reforzar vínculos entre grupos diferentes en una amplia área geográfica. Es una práctica que se da en cazadores recolectores, pero hasta ahora no estaba comprobada en neandertales».
Según el artículo, las conclusiones de esta investigación pueden ayudar a definir las condiciones de supervivencia y fertilidad bajo las que vivieron los neandertales y que, finalmente, dieron lugar a su extinción.



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