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Los neandertales evitaban la endogamia intercambiando hembras

diciembre 21, 2010 Deja un comentario

FUENTE | abc.es

Investigadores españoles llegan a esa conclusión tras analizar restos de 12 individuos de la cueva asturiana de El Sidrón

Por primera vez y gracias a un estudio genético, un grupo de investigadores españoles ha logrado demostrar que, entre los neandertales, las hembras se intercambiaban entre un grupo y otro, una práctica que evitaba la endogamia, mientras que los machos tendían a permanecer en su núcleo familiar original y muy raramente abandonaban su territorio natal. El hallazgo, que se publica en la revista «Proceedings of the National Academy of Sciences», se ha realizado gracias al análisis de los restos de doce neandertales de la cueva asturiana de El Sidrón, descubiertos en 1994.
La diversidad genética de los neandertales, pues, dependía de las mujeres, que eran «intercambiadas» por los varios grupos en una práctica, la patrilocalidad, ampliamente observada en tribus actuales de cazadores recolectores y tambén en distintos grupos de primates.
Según ha explicado a ABC el paleontólogo del CSIC Antonio Rosas, uno de los firmantes del artículo, «a medida que avanzan las campañas de investigación, vamos consiguiendo más y más fósiles en la cueva de El Sidrón. En la actualidad tenemos doce individuos muy bien caracterizados, una variedad más que suficiente para intentar su caracterización genética como grupo».
Los investigadores, afirma Rosas, ya sospechaban que los diferentes individuos de este grupo podían estar «genéticamente próximos». «Al hilo de esa sospecha -continúa Rosas- pensamos en tomar muestras y caracterizarlas a través del ADN mitocondrial (que no se encuentra en el núcleo celular, sino en las mitocondrias, y se transmite sólo por línea materna), lo que nos daría una muy buena visión genética general de estos individuos».

Los resultados confirmaron lo que se sospechaba: los doce neandertales de la cueva de El Sidrón formaban parte de una unidad «genéticamente próxima», casi casi una familia. «No queremos utilizar el término familia -explica Rosas- porque además de la componente genética, una familia se construye sobre lazos afectivos cuya existencia no podemos demostrar en este grupo de neandertales».
Para Carles Lalueza, sin embargo, primer firmante del artículo, «es evidente que debe haber hermanos, padres, madres e hijos, en la muestra estudiada». Según el artículo, el ejemplar juvenil 2 desciende de la hembra adulta 5, mientras que el juvenil 1 y el infantil serían vástagos de la hembra adulta 4. Si esta hipótesis es correcta, revelaría que los neandertales tenían una media de un hijo cada tres años. Esta cifra también se asemeja a la observada en las sociedades modernas de cazadores-recolectores.
Pero lo que llamó más poderosamente la atención de los investigadores fue el hecho de que, según explica Rosas, «todos los varones eran de un mismo linaje genético, mientras que las mujeres pertenecían a linajes diferentes». En efecto, las tres hembras estudiadas pertenecían, cada una, a un linaje distinto. «Un patrón – opina Rosas- que encaja perfectmente en una distribución de patrilocalidad. Los machos se quedan en el territorio, siempre, y son las hembras las que cambian de grupo y, a la vez, de unidad reproductiva».
Con niñas o hembras muy jóvenes
Esta clase de comportamiento se observa habitualmente en grupos actuales de primates, y también en tribus de cazadores recolectores de la actualidad, pero hasta ahora no había podido ser demostrado para los neandertales. De esta forma los grupos, según explica Rosas, «exportan» a otros grupos algunas de sus hembras, y reciben a su vez hembras de otros grupos. Estos «intercambios» se realizan siempre con niñas o hembras muy jóvenes que todavía no han alcanzado su edad reproductiva, y sirven para evitar una excesiva endogamia dentro de cada grupo individual.
«Esta es -concluye el investigador- nuestra interpretación como biólogos. Puede ser, además, que este intercambio sirviera también como una forma de reforzar vínculos entre grupos diferentes en una amplia área geográfica. Es una práctica que se da en cazadores recolectores, pero hasta ahora no estaba comprobada en neandertales».
Según el artículo, las conclusiones de esta investigación pueden ayudar a definir las condiciones de supervivencia y fertilidad bajo las que vivieron los neandertales y que, finalmente, dieron lugar a su extinción.

Neandertales, exentos del sabor amargo

agosto 22, 2009 Deja un comentario

mandibula_sidronefe--300x180 FUENTE | abc.es

Al igual que les ocurre a algunos humanos modernos, entre los neandertales también había individuos incapaces de percibir el gusto amargo de los alimentos, lo que constituye un misterio evolutivo, ya que en muchos casos este sabor nos alerta de que el alimento que estamos a punto de digerir es tóxico. Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) han hallado que, han llegado a esta conclusión trasanalizar un fragmento del gen TAS2R38 -que codifica la percepción de la amargura en el ser humano actual- en un neandertal del yacimiento de El Sidrón, en Asturias.
«Hemos visto que este individuo tenía la variante causante de la no percepción del sabor amargo en una copia del gen, pero no en la otra. A efectos prácticos, esto significa que era capaz de notar el gusto amargo, pero menos», ha explicado el investigador del CSIC Carles Lalueza Fox. Es decir, nuestro neandertal necesitaría más cantidad de sustancia para percibir su amargura. «Esto implica, además, que habría algunos neandertales incapaces de notar el gusto amargo ni siquiera en grandes cantidades».
Los compuestos que causan el sabor amargo están presentes en muchos vegetales, como el brócoli, la col, las coles de Bruselas, las endivias o algunas frutas. Estos compuestos pueden ser tóxicos si se ingieren en grandes cantidades y, por ello, es difícil entender la existencia evolutiva de individuos que no pueden notarlos. «Es un misterio desde el punto de vista evolutivo. Quizás podría explicarse por algún efecto selectivo que confiriera a los no gustadores alguna ventaja, como poder detectar algún otro compuesto todavía no identificado, pero aún no lo sabemos», explica Lalueza, que trabaja en el Instituto de Biología Evolutiva (centro mixto del CSIC y la Universidad Pompeu Fabra).
El investigador del CSIC Carles Lalueza, en el laboratorio

La variación en la percepción del gusto amargo se descubrió en 1931, cuando Arthur L. Fox, un trabajador químico de la multinacional Pont de Neumours and Company (Estados Unidos), sintetizaba un compuesto llamado feniltiocarbamida (PTC) y éste se volatilizó accidentalmente en el laboratorio. Uno de sus colegas manifestó lo amargo que era, para asombro de Fox, que no notaba nada. Una rápida encuesta entre los empleados mostró que se dividían entre gustadores y no gustadores.
Estudios posteriores demostraron que un 30% de los humanos no percibe el sabor amargo. El 2003 se descubrió que el responsable de la variación es el gen TAS2R38, que codifica una proteína que se encuentra en la membrana de las células gustativas (en las papilas gustativas). Es la interacción de la proteína con la célula amarga la que envía señales al cerebro sobre el gusto de lo que se está comiendo. En el gen hay tres variantes que explican el genotipo gustador-no gustador, pero una de ellas,en el aminoácido 49, es la que tiene mayor influencia en este rasgo. Los individuos que presentan una alanina (una clase de aminoácido) en las dos copias del gen en la posición 49 siempre son no gustadores. Aquellos que presentan la alanina en una de las dos copias del gen, como el hallado en El Sidrón, pueden percibir el sabor, pero menos.
El yacimiento de El Sidrón, en Asturias, en el que se realizan excavaciones desde 2000, ha permitido recuperar hasta la fecha cerca de 1.600 restos óseos de, al menos, diez individuos neandertales. Hace poco, el genoma mitocondrial de un individuo hallado en esa cueva permitió conocer que el antepasado común materno de todos los genomas mitocondriales neandertales, la llamada «Eva mitocondrial» neandertal, vivió hace sólo 110.000 años, por lo que sería más reciente que la de los humanos modernos, que los investigadores sitúan en África hace 150.000. Además, otra muestra de El Sidrón se utilizó para recuperar un gen de la pigmentación que permitió determinar que algunos neandertales eran pelirrojos.

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